martes, 23 de febrero de 2010

De mi necesidad al método

Revisando la experiencia que he hecho del método como un camino de maduración personal, me encontré con algunas anécdotas que devuelven la dignidad a la pregunta: ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene esto?

Y de esta forma, inclusive las palabras han tomado una nueva dimensión, el significado justo que se recupera gracias a la compañía que me empuja a no quedarme en mi límite.

Hace poco tuve la oportunidad de encontrarme con con un amigo italiano que visita México seguido y que actualmente vive en Miami, él compartía su experiencia de la mudanza y cómo una amiga había acompañado a su familia desde Italia para ayudarles durante 3 semanas a instalarse.

Lo primero que llama la atención es una amistad así, es sorprendente una que está disponible para sus amigos y que lo hace con la conciencia de que está ahí no por las personas que acompaña, sino por algo más grande que toma la iniciativa de darnos un lugar para cumplir nuestra vida y nuestra vocación; esto supera cualquiera de nuestras expectativas.

Al relatar esta experiencia, mi amigo repetía constantemente que esta actitud surge de una "pertenencia", entonces caí en la cuenta de lo importante que es tomarme en serio esta palabra para poder hacer este recorrido, pues existe una enorme diferencia entre estar y pertenecer; entre tener amigos y pertenecer a su compañía.

Gracias a esta pertenencia... a esta compañía en la que hemos sido puestos, puedo ser rescatado de mis propios límites y más aún ser sostenido hasta en el cansancio, cuando reconozco lo que corresponde más a mi humanidad. Esto es lo que me permite dar el paso de una amistad natural a una amistad sacramental, pues los amigos están no para eliminar mis problemas, sino para ver las circunstancias con una mirada distinta.

La cuestión no es superar los problemas míos y de los otros, pues no es nuestra necesidad, sino lo que sucede aquí y ahora lo que nos permite recuperar continuamente el origen y el método, ya que siempre hay algo que está antes de las circunstancias y esto es toparse con una humanidad diferente, una humanidad que asombra. Ahora, lo único que nos toca hacer es reconocerLe cuando se hace presente.

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